Obsesión
Lo miró captando cada detalle de su figura.
Destacaban sus ojos de mirada dulce, aunque juguetona. Su dentadura blanca pero dispareja no disminuía su atractivo, como tampoco sus orejas levemente grandes. Su bella fealdad era irresistible.
Verlo y desearlo se conjugaron en un mismo verbo. Se sintió arrastrada por una pasión obsesiva.
Hubiera dado todo por poseerlo… todo, menos los cuarenta mil pesos que sus dueños perdían por él.
(1992)






