Viudez
Luego del duelo y el enorme dolor, pasados ya unos años, cuando crees que se esfumaron los recuerdos tristes que te aguardaban en cada habitación, te sientes morir al captar la indiferencia usurpando sus espacios y lastima el ansia de mantener su presencia en cada luz, en cada sombra.
Despiertas pensando fue un mal sueño, luego va a venir al lecho y al sentir el ronroneo de un vehículo en el garage o los pasos firmes en la escalera, la espina se clava un poco más, pues no es él ni lo será jamás.
Su aroma se ocultaba en los rincones para evitar ser atrapado por el tiempo y la angustia va ganando al abrir una gaveta y azotarte el rostro los secretos que él tanto guardó: su ropa, sus llaves, que ahora abren las puertas del infierno.
Hay sendas trazadas de antemano y dolores que no se pueden eludir, a menos que pases a llevar dogmas y valores.






